
Uno de los lugares de ensueño imprescindible a la hora de viajar a Japón (al menos será uno de los imprescindibles cuando yo organice mi viaje a Japón… esperemos que sea lo más pronto posible…) es sin duda el bosque de bambú de Arashiyama, en Kioto.
Este famoso bosque de bambú empieza justo fuera de la puerta norte del Tenryu-ji (uno de los mayores templos de la escuela Zen de Rinzai que fue construido en 1339 en el antiguo emplazamiento de la residencia del emperador Go-Daigo, después de que un sacerdote hubiera soñado que un dragón se elevaba desde el río adyacente. El sueño se interpretó como una señal de que el espíritu del emperador estaba inquieto y se construyó el templo para apaciguarlo, de ahí el nombre de “tenryu” que significa “dragón celestial“), a lo largo del camino que va a Okochi Sans.
“Bambusoideae” es el nombre de una subfamilia de plantas que pertenecen a la familia de las “gramíneas” o “Poaceae“, una de las familias botánicas más extensas e importantes para el hombre. Su nombre común es “bambú“. Los bambúes pueden ser plantas pequeñas de menos de un metro de largo y con los tallos (culmos) de menos de medio centímetro de diámetro, aunque también los hay gigantes de unos 25 metros de alto y 30 centímetros de diámetro. Aunque los verdaderos bambúes siempre tienen sus tallos leñosos, hay especies donde esto no es tan evidente.
Durante el período Heian (794-1192), Arashiyama era el destino favorito para los paseos de la corte imperial. El paisaje aún conseva vestigios de aquella época y aún en la actualidad, es posible pasear por un bosque de bambú, admirar los cerezos en flor en primavera o los arces rojos en otoño, participar en la fiesta de la luna llena (fiesta que consiste en poner bolas de arroz y cortadera en las ventanas como ofrenda a la luna y se disfruta observando la luna llena)… Para emociones más fuertes también es posible navegar por las rápidas aguas del río Hozu.
Dicen sobre este bosque que “me produjo una sensación de espiritualidad. Los largos troncos, en continuo balanceo, me hicieron mirar hacia el cielo y darme cuenta de lo afortunada que era por estar entre aquellos ancianos árboles llenos de vida.” – Maria Mitsos, viajera, Australia o “pasear por esta extensión de bambú balanceante es como entrar en otro mundo” – Chris Rowthorn, autor de la guía de viajes de Lonely Planet “Lo mejor de Japón“. “Altos y delgados, la esbelta figura de los bambús de amontonan densamente en este bosque dejando pasar escasa luz y creando una atmósfera mística y misteriosa” – trivago.es.



Para la segunda mitad del siglo XII el emperador se había convertido en un símbolo de la soberanía japonesa, recluido en Kyoto. En Japón se imponía la fuerza armada de familias guerreras dispersas por el territorio. En esa época (siglo XII), las dos familias más importantes eran los Minamoto y los Taira. Estas familias luchaban por la posesión de la tierra cultivable del Japón, que ocupa un 20% del territorio. Finalmente, dominaron los Minamoto; y el jefe de esta familia, Manamoto Yoritomo, fue nombrado shogun (comandante militar) en 1192 por el emperador. A partir de entonces, el shogun fue virtualmente la autoridad suprema de Japón.
Con el crecimiento del sistema feudal, basado en la lealtad personal y de la familia, surgió el más famoso de los tipos japoneses: el samurai o guerrero caballero. Los samurai eran los “guardias profesionales” de los daimyo. Cada daimyo tenía uno o varios samurai que protegían su tierra y su poder, y luchaba por él en la guerra. Originalmente, el término samurai se usó para nombrar a los guerreros aristócratas; pero después se aplicó a toda la casta guerrera que dominó Japón durante los shogunatos (siglo XII al XIX). La importancia e influencia de los samurai aumentó con el paso de los años. Algunos samurai eran miembros de las familias en el poder, otros eran contratados. A cambio de su lealtad al daimyo, los samurai recibían tierras y tributos. El cargo de samurai se volvió hereditario y así se fundaron las dinastías de samurai.
La abolición de los privilegios de los samurai causó problemas sociales. En 1876-1877 hubo una rebelión de samurai liderada por Saigo Takamon. Los rebeldes samurai se enfrentaron con sus armas tradicionales al ejército del emperador, armado con tecnología bélica europea. Los samurai fueron completamente derrotados por el ejército nacional, murieron cerca de 20 mil de ellos. Este fracaso marcó el final de la era de los guerreros. Sin embargo, aunque actualmente los samurai no tienen ningún estatus oficial en Japón, los descendientes de sus familias gozan de estima entre la población japonesa, especialmente la rural.